Una de las actividades más placenteras en la observación del cielo, es la de mirar nuestra luna. Sus númerosos cráteres y manchas sobre su superficie, son muy llamativos cuando los observamos a través de unos binoculares o un telescopio. Como lo hiciera Galileo Galilei en 1609 y publicará en su libro “El Mensajero Sideral.”

“La superficie de la Luna y de los demás cuerpos celestes no es de hecho lisa, uniforme y de esfericidad exactísima, tal y como ha enseñado una numerosa cohorte de filósofos, sino que, por el contrario, es desigual, escabrosa y llena de cavidades y prominencias, no de otro modo que la propia faz de la Tierra, que presenta aquí y allá las crestas de las montañas y los abismos de los valles “

Situada a una distancia media de 384.000 Km. es el objeto celeste más cercano a nuestro planeta y el que nos acompaña en algunas noches. Nos muestra su superficie abatida por millones de años de continuos impactos producidos desde la formación del sistema solar, es nuestro satélite natural llamado “Luna” (Chía para los Muiscas), fuente de inspiración y de estudio para los hombres.

Durante aproximadamente 500 millones de años después de su formación, la Luna y nuestro sistema solar sufrieron el bombardeo de rocas que quedaron vagando por el espacio. Producto de esto la Luna tuvo en sus inicios una gran actividad volcánica de la cual se formaron y enfriaron grandes llanuras de lava, que se reconocen como zonas oscuras sobre su superficie y que reciben el nombre de “mares” (nombre dado por Galileo), por ejemplo, el mar de la lluvias, una depresión de mil kilómetros de ancho. Estos a su vez presentan cráteres de impactos más recientes. El resto de la superficie no “inundada” por lava, presenta cráteres y tierras altas (montañas), que debido a su material pulverizado los hace más brillantes que los mares. El tamaño de estos cráteres varia desde 233 Km. de diámetro hasta los más diminutos; se destacan, el cráter Tycho de 87 Km. de diámetro al sur del Mar de las Nubes y el cráter Copérnico al borde del Océano de las Tempestades, con un diámetro de 90 Km. y muros de 5 Km. de altura. Lo que los hace especiales son su sistema de rayas brillantes que parten de manera radial del cráter. Otro cráter que vale la pena observar es el de Aristarco en el Océano de las Tempestades, a pesar de que sólo tiene 37 Km. de diámetro es el objeto más brillante de la superficie lunar.

Actividad de Reconocimiento

Te invito a identificar la cartografía lunar, los principales cráteres y mares de la Luna. Una actividad que podrás repetir cada noche que la veas en lo alto, hasta que te vuelvas un experto en reconocer su superficie.