Pato

Este artículo va de cuenta de mi amiga Patricia Knopoff, profesora de la facultad de ingeniería de la universidad nacional de la Plata. Y miembro del maravilloso grupo Choiols, astronomía a ras del suelo.

 

Hoy pensaba en la sociedad del consumo y lo descartables que somos cada uno de nosotros, cuando no somos útiles a los cánones estipulados. Y pensaba también en los globos terráqueos. Te podrás preguntar qué tiene que ver un globo terráqueo con que nos podamos sentir descartables en esta sociedad hiperconsumista y materialista. Te voy a contar una historia. Vos fijate y sacá tus conclusiones. Me podés dejar tus opiniones ahí abajo, en los comentarios.

La historia dice así:

Alguien, no sabemos quien ni viene al caso saberlo, descartó un globo terráqueo y lo dejó en la basura de una escuela. ¿Por qué alguien tiraría un globo terráqueo, ese dispositivo escolar tan costoso? Un motivo de descarte es la rotura. Y este globo terráqueo estaba roto: carecía del eje con el cual gira y el pie que lo sostiene de forma que ese eje quede con la inclinación adecuada, si suponemos que el piso se encuentra en el plano de la órbita del planeta.

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La verdad es que el planeta no tiene ningún eje ni ninguna órbita. Y en el supuesto de que sí la tuviera, es altísimamente improbable que el piso que estás pisando se encuentre paralelo al plano de la supuesta órbita. Entonces… ¿cuánto daño puede hacerle a un pobre globo terráqueo la carencia de un eje y un soporte, si ambas cosas representan elementos imaginarios? Lo que no es imaginario es el planeta que pisamos.

El azar quiso que por ese tacho de basura pasara una profesora muy inquieta, y que tiene en claro lo imaginario en el eje y soporte de un globo terráqueo. Y se lo llevó.
Se lo llevó a su patio y, liberado como estaba el globo, se pusieron a pensar -los niños y ella- en qué posición debían colocarlo.

Esta docente trabaja en una escuelita que está en el Trópico de Capricornio (a esta altura ya estarás convencido que todo esto no es más que un cuento, pero creeme: todo sucedió realmente). Con los chicos pensaron en dibujar en el piso del patio de la escuela la línea imaginaria del trópico y hacer coincidir esa línea con la que estaba dibujada en el pobre globo liberado. Cuando acomodaron el globo según lo estaban pensando, se dieron cuenta que su lugar en el mundo -Huacalera- estaba arriba de todo. Los niños descubrieron con ese globo liberado que ellos estaban en la cima del mundo.

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El globo, liberado de la opresión de un soporte arbitrario, volvió a ser útil para otros. Pero liberado como estaba se transformó en liberador. Emancipador. Empoderador.

Salí del cuento, ahora.
Volvé.
Vení un ratito.
Quedate pensando en los soportes arbitrarios que te sujetan.
¿Qué pasa cuando no encajás en los cánones establecidos?
¿Donde vas a parar cuando no sos útil, cuando no sos funcional al sistema?
¿Pensaste alguna vez en lo descartable que sos?
¿Qué vas a hacer si te descartan?
¿Estás seguro que tenés ganas de estar sujeto por esos soportes que no elegiste?
¿Estás seguro de tener en claro a qué estás siendo funcional?

Mirate.
Fijate dónde está el planeta Tierra. Esa gigantesca roca que te contiene y funciona como tu casa.globo4
Así pequeño e insignificante como puedas sentirte en comparación con el gigantesco planeta, extendé tu imaginación y pensá dónde estás.
Todo tu gigantesco planeta está debajo de tus pies.
Estás en la cima del mundo.
¿Qué es aquello que no podrías hacer hoy?

 

Des-sujetate.
Liberate.
Emancipate.

Extendé tus brazos al cielo y gritá fuerte.
Estás en la cima del mundo.
No sos descartable.

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Para conocer más del trabajo de Pato y el grupo Choiols haz click en la imagen y mira su charla TED. Los patovicas de la ciencia.

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